miércoles, 21 de enero de 2009

una cuestion de identidad

A principios del año pasado se estuvo reclamando porque los edificios declarados, por ley, patrimoniales, iban a ser desafectados por el gobierno provincial a traves de una (contra) ley, librandolos a la suerte del mejor postor.
Tal dimensión, por cierto inesperada para nuestra provincia, cobraron estas manifestaciones, que el gobierono se vio obligado a dar marcha atrás con tal decisión. Quizás el impacto no fue producto sólo por la cantidad de gente que se fue sumando a las mismas, sino por la representatividad de ciertos grupos sociales. Lamentablemente no corrió la misma suerte el mercado de abasto ni muchos otros edificios que fueron transformados (en el mejor de los casos) en centros comerciales.
En este caso, el bien patrimonial (también declarado por ley) que está peligrando en estos momentos es el mercado del norte, cuyas consecuencias son más graves aún, por el hecho de que no solo va a desaparecer, en su sentido arquitectónico, sino, que es el más importante, el futuro de la gente que allí trabaja, y también, y no menos importante, parte de nuestra identidad.
Pero para esta ocasión, y como en el caso del Abasto, la respuesta de la sociedad no fue la misma. Seguramente, una de las razones seria que esta construcción no es tan vistosa y atractiva como el conjunto de edificios que fue centro de la polémica, hace casi más de un año, por lo que, una restauración (o demolición) sería lo ideal para ponerlo acorde a las nuevas estéticas comerciales.
Resulta algo extraño, pero aún hoy en día hay gente que relaciona el progreso con grandes centros comerciales con marcas que fomentan el monopolio económico, y lo que es peor, el monopolio cultural, sin ver que a cambio de destruir nuestro patrimonio, y por ende nuestra identidad, que es nuestra arma para defendernos de estos grandes monstruos homogeneizadores que nos quieren seguir vendiendo el progreso como sinónimo de felicidad, cuando en realidad terminanos siendo una presa más para ellos.
Cuanto mas valor patrimonial se destruya, mas se debilitará nuestra identidad, entonces ahi, pobre de nosotros... pero sí, con muchos y "lindos" centros comerciales!

lunes, 12 de enero de 2009

confieso que he vivido

En poco tiempo voy a cumplir 28 años. Casi sin darme cuenta, el tiempo pasó velozmente, ya que aún tengo latente el momento en que rendí para entrar a la escuela secundaria donde iba a pasar 6 años maravillosos de mi vida, mis salidas con mis amigas (y los preparativos), mi primer día de facultad y tantas cosas más!
Claro que en todo este tiempo conocí mucha gente, que me enriqueció, que me enloqueció, que me defraudó, que me hizo pasar buenos y malos momentos, pero que, de una forma u otra dejaron su huella en mí, como aquellas amigas, lamentablemente ya distanciadas, y con quienes compartí tantos momentos y que tanto aprendimos la una de la otra.
Tambien perdí a seres amados, sobre todo a uno, que sé que desde el lugar donde esté me acompaña y consuela constantemente como lo hacía cuando estaba a mi lado, y que fue quien me enseñó tanto a encarar la vida de la forma que creo que lo estoy haciendo.
Pero así también como perdí, gané amigas de hierro, y conocí (o lo encontré) al chico que tanto amo, y con quien deseo pasar el resto de mi vida...
Si bien aún no logré recibirme, ni concretar cosas que rondan por mi cabeza hace tiempo ya, creo que pude lograr otras, tan o más importantes que conseguir un titulo, (que si bien, para mí es importante porque voy a poder ejercer con mayor libertad mi profesión) que es tratar de vivir a pleno mi vida, disfrutar de cada cosa que hago, emocionarme cuando siento que así lo es, accionar cuando debo hacerlo, abrir mi cabeza a nuevas experiencias... Uno de los grandes desafíos fue (y sigue siendolo) hacerle frente a mi super timidez que me caracterizó siempre, por lo que aún así, actué, bailé, puse un taller de artes para niños (¡maravilloso!), expuse en congresos, y lo mas importante, logré decir y expresar lo que pienso y siento...
En estos tiempos donde a los 30 años sos considerado un viejo, yo no tengo la necesidad de ocultar mi edad ni de achicarla; al contrario, siento que cumplo años, literalemente, porque los viví y porque aun me quedan tantos sueños por concretar...